• Diego Palma

El Libro de los Cuentos

Actualizado: 3 de jul de 2018


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¿A quien escogerías?


Una mujer regaba el jardín de su casa y vio a tres viejos con sus años de experiencia frente a su jardín. Ella no los conocía y les dijo:


- No creo conocerlos, pero deben tener hambre. Por favor entren a mi casa para que coman algo. Ellos preguntaron:

- ¿Está el hombre de la casa?

-No, respondió ella , no está.

-Entonces no podemos entrar, dijeron ellos.


Al atardecer, cuando el marido llegó, ella le contó lo sucedido. -¡Entonces diles que ya llegué invítalos a pasar! La mujer salió a invitar a los hombres a pasar a su casa.

-No podemos entrar a una casa los tres juntos, explicaron los viejitos.

-¿Por qué?, quiso saber ella.

Uno de los hombres apuntó hacia otro de sus amigos y explicó: - Su nombre es Riqueza. Luego indicó hacia el otro, Su nombre es Éxito, y yo me llamo Amor. Ahora ve adentro y decide con tu marido a cuál de nosotros 3 desean invitar a vuestra casa.


La mujer entró a su casa y le contó a su marido lo que ellos le dijeron. El hombre se puso feliz: ¡Qué bueno! Y ya que así es el asunto entonces invitemos a Riqueza, que entre y llene nuestra casa.


Su esposa no estuvo de acuerdo: - Querido, ¿porqué no invitamos a Éxito?

La hija del matrimonio estaba escuchando desde la otra esquina de la casa y vino corriendo. - ¿No sería mejor invitar a Amor? Nuestro hogar estaría entonces lleno de amor.

Hagamos caso del consejo de nuestra hija, dijo el esposo a su mujer. Ve afuera e invita a Amor a que sea nuestro huésped. La esposa salió y les preguntó ¿Cuál de ustedes es Amor? Por favor que venga y que sea nuestro invitado. Amor se levantó de su silla y comenzó a avanzar hacia la casa. Los otros 2 también se levantaron y le siguieron. Sorprendida, la dama les preguntó a Riqueza y a Éxito: Yo invité sólo a Amor ¿porqué Uds. también vienen?. Los viejos respondieron juntos:

- Si hubieras invitado a Riqueza o a Éxito los otros 2 habrían permanecido afuera, pero ya que invitaste a Amor, donde vaya él, nosotros vamos con él.


Donde quiera que hay amor, hay también riqueza y éxito.



Abandona toda esperanza de resultados

Osho


Un hombre estaba muy interesado en conocerse a sí mismo, en iluminarse. Toda su vida había buscado un maestro que le enseñara la meditación. Había ido de maestro en maestro, pero no sucedía nada.

Pasaron los años, y estaba ya cansado, exhausto. Entonces alguien le dijo: -Si de verdad quieres encontrar a un maestro tendrás que ir al Himalaya. Allí vive uno, pero tendrás que buscarle. Una cosa es cierta, el maestro se encuentra allí. Nadie sabe exactamente dónde, pero cuando alguien llega a dar con su paradero, él se adentra todavía más en las cordilleras Himalayas.

El hombre se estaba haciendo viejo, pero hizo acopio de valor. Durante dos años trabajó para ganar el dinero del viaje y se puso en camino; se trata de una vieja historia. Así que tuvo que viajar en camellos, en caballos y después seguir a pie hasta alcanzar el Himalaya. La gente le decía:

-Sí, conocemos al anciano, es muy viejo; uno no puede saber qué edad tiene, quizá trescientos años, o incluso quinientos años, nadie lo sabe. Vive por aquí, pero el sitio exacto no lo sabemos. Nadie sabe exactamente por dónde para, pero anda por aquí. Si buscas con empeño lo encontrarás.

El hombre buscó y buscó y buscó. Durante dos años estuvo vagando por el Himalaya. Estaba cansado, exhausto, absolutamente exhausto; viviendo sólo de frutos salvajes, hojas y hierbas. Había perdido mucho peso. Pero estaba determinado a encontrar a ese hombre. Merecía la pena, aunque le costara la vida.

Y ¿puedes imaginártelo? Un día vio una pequeña cabaña, una cabaña de paja. No tenía puerta. Miró dentro, pero allí no había nadie. Y no sólo no había nadie, sino que todo indicaba que durante años no había habido nadie.


El hombre cayó al suelo. De puro cansancio dijo: -¡Me rindo! Se encontraba allí, tumbado bajo el sol, con la fresca brisa del Himalaya. Y por primera vez, empezó a sentirse tan feliz... ¡Nunca había sentido tal dicha! De repente se sintió lleno de luz. De repente todos los pensamientos desaparecieron, de repente se transportó, y sin razón alguna, porque no había hecho nada.

Y entonces se dio cuenta de que alguien se inclinaba hacia él. Abrió los ojos. Allí estaba. Un hombre muy anciano. Éste, sonriendo, dijo: -Así que has venido. ¿Tienes algo que preguntarme? Y el hombre contestó:

-No. Y el anciano se rió, dio grandes carcajadas que resonaron en el eco de los valles. -¿Sabes ahora que es la meditación? Y el hombre dijo: -Sí.

¿Qué había sucedido? ¿Aquella exclamación que salió del núcleo más interno de su ser: "! Me rindo!" En ese rendirse, todos los esfuerzos mentales orientados a una meta desaparecieron, todas las tentativas desaparecieron. Y la dicha se vertió sobre él. Se quedó en silencio, ya no era nadie, y tocó el último estrato del no-ser. Entonces supo lo que era la meditación.

La meditación es un estado mental sin metas. Abandona toda esperanza de resultados. Y entonces no hay necesidad de ir a ninguna parte. Exclamaré desde muy dentro: "Me rindo." Y el silencio descenderá, la bendición me rociará.



Autobiografía en cinco capítulos

Nyoshul Khenpo


1 Bajo por la calle. Hay un enorme hoyo en la acera. Me caigo dentro, Estoy perdido... impotente. No es culpa mía. Me tardo una eternidad en salir de allí.


2 Bajo por la misma calle. Hay un enorme hoyo en la acera. Hago como que no lo veo. Vuelvo a caer dentro. No puedo creer que esté en ese mismo lugar. Pero no es culpa mía. Todavía me tardo mucho tiempo en salir de allí.


3 Bajo por la misma calle. Hay un enorme hoyo en la acera. Veo que está allí. Igual caigo dentro... es un hábito. Tengo los ojos abiertos. Sé donde estoy. Es culpa mía. Salgo inmediatamente de allí.


4 Bajo por la misma calle. Hay un enorme hoyo en la acera. Paso por el lado.


5 Bajo por otra calle.


Este hermoso cuento tibetano nos muestra como la reflexión puede traernos poco a poco la sabiduría al llegar a darnos cuenta de que caemos una y otra vez en pautas de conducta fijas y repetitivas, y empezamos a sentir el anhelo de librarnos de ellas, (de esquivar el hoyo en la acera). Naturalmente, podemos recaer una y otra vez, pero poco a poco podemos deshacernos de ellas y cambiar, (hasta bajar por otra calle).



Así es mi naturaleza


Un maestro oriental que vio cómo un escorpión se estaba ahogando decidió sacarlo del agua, pero cuando lo hizo, el escorpión lo picó. Por la reacción al dolor, el maestro lo soltó, el animal cayó al agua y de nuevo empezó a ahogarse.


El maestro intentó sacarlo otra vez y otra vez el escorpión lo picó... Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo:

"Perdone, ¡pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua, el escorpión lo picará?


El maestro respondió: "La naturaleza del escorpión es picar y eso no va a cambiar mi naturaleza, que es ayudar a los demás”. Y entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida.


Moraleja:

No cambies tu naturaleza si alguien te hace daño; sólo toma precauciones. Algunos persiguen la felicidad, otros la crean. Tenlo presente siempre. Que la conducta y las acciones de otras personas jamás condicionen las tuyas, nunca cambies tu esencia.

Si una rosa cambiara su esencia, dejaría de ser rosa. Si tú cambiaras tu esencia dejarías de ser tú. El crecer o madurar no implica cambiar tu esencia.



Cajita de besitos


La historia cuenta que hace algún tiempo un hombre castigó a sus hijita de 5 años por desperdiciar un rollo de papel dorado para envolver regalos.

Estaban apretados de dinero y se molestó mucho cuando la niña pegó todo el papel dorado en una cajita que puso debajo del árbol de Navidad.

Sin embargo, la mañana de Navidad, la niña le trajo la cajita envuelta con el papel dorado a su papá: "esto es para ti papá". El papá se sintió avergonzado por haberse molestado tanto la noche anterior, pero su molestia resurgió de nuevo cuando comprobó que la caja estaba vacía y le dijo en tono molesto: "¿que no sabe usted señorita que cuando uno da un regalo debe haber algo dentro del paquete? " La niña volteó a verlo con lágrimas en sus ojitos y le dice: " Pero papi, no está vacía. Le puse besitos hasta que se llenó ".

El papá estaba conmovido, cayó de rodillas, abrazó a su hijita y pidió que le perdonara su desconsiderado coraje. Un tiempo después, un accidente tomó la vida de la niña, se dice que el papá conservó la cajita dorada junto a su cama por el resto de su vida. Cuando se sentía sólo y desanimado, metía su mano en la cajita dorada y sacaba un besito imaginario de ella. En un sentido muy cierto, todos nosotros los humanos hemos recibido una cajita dorada llena de amor incondicional y besitos de nuestros hijos, familia y amigos. No hay regalo más precioso que uno pueda recibir.

Las amistades son como ángeles que nos levantan cuando hemos caído o cuando nuestras alas tienen dificultad para elevarnos y volar.



Cómo nace un paradigma


"Es más fácil desintegrar un átomo que un pre-concepto”

- Albert Einstein -


Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de bananas. Cuando un mono subía la escalera para agarrar las bananas, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo.

Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo agarraban a palos. Pasado algún tiempo más, ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de las bananas. Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera cosa que hizo el nuevo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le pegaron. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera.

Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato.

Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituido. Los científicos quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, aun cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a las bananas.

Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a quien intentase subir la escalera, con certeza la respuesta sería: "No se, las cosas siempre se han hecho así, aquí..."



Concentración


Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostró una notable técnica cuando le dio al ojo de un lejano toro en el primer intento, y luego partió esa flecha con el segundo tiro.


"Ahí está", le dijo al viejo, "¡a ver si puedes igualar eso!".


Inmutable, el maestro no desenfundo su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y directo. "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente en tierra firme.

Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer el tiro. "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero tienes poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro".



Cosas que no se recuperan

Una muchacha estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un gran aeropuerto. Como debía esperar por muchas horas, decidió comprar un libro para matar el tiempo. También compró un paquete de galletas. Se sentó en una poltrona en la sala VIP del aeropuerto para poder descansar y leer en paz. Al lado de la poltrona donde estaba la bolsa de galletas, se sentó un hombre que abrió una revista y comenzó a leer. Cuando ella tomó la primera galleta, el hombre también tomó una. Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Apenas pensó: "Pero, que descarado". "Si yo estuviese más dispuesta le daría un golpe en el ojo para que nunca más se le olvide." Cada vez que ella tomaba una galleta, el hombre también tomaba una. Aquello la dejaba tan indignada que no conseguía reaccionar. Cuando quedaba apenas una galleta, pensó: "ah... ¿qué será lo que este abusador va a hacer ahora?"

Entonces el hombre dividió la última galleta por la mitad, dejando la otra mitad para ella. ¡Ah! ¡Aquello era demasiado! ¡Se puso a bufar de la rabia! Entonces cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sitio de embarque. Cuando se sentó, confortablemente, en una poltrona, ya en el interior del avión, miró dentro de la bolsa y para su sorpresa su paquete de galletas estaba allí... ¡todavía intacto, cerradito! Sintió tanta vergüenza. Sólo entonces percibió lo equivocada que estaba ¡Había olvidado que sus galletas estaban guardadas dentro de su bolsa!

El hombre había compartido sus galletas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado, mientras que ella quedó muy trastornada, pensando que estaba compartiendo las de ella con él. Y ya no había más tiempo para explicar... ni para pedir disculpas.


¿Cuántas veces, en nuestras vidas, estamos comiendo las galletas de los demás y no estamos conscientes de ello? ¡Antes de llegar a una conclusión, observa mejor! Tal vez las cosas no sean exactamente como piensas!

No pienses lo que no sabes acerca de las personas. "Existen" cuatro cosas en la vida que no se recuperan jamás: - Una piedra después de haber sido lanzada. - Una palabra, después de haber sido proferida. - Una oportunidad, después de haberse perdido. - El tiempo, después de haber pasado.



Dar

Omar Aliaga Arones.


A un amigo mío llamado David, su hermano le dio un automóvil como regalo. Un día, cuando David salió de su oficina, un niño de la calle estaba caminando alrededor del brillante coche nuevo admirándolo.

Señor, ¿este es su coche? ?preguntó. David afirmó con la cabeza. Mi hermano me lo regaló.

El niño estaba asombrado. "¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y a usted no le costó nada? Vaya me gustaría..." titubeó el niño.

Desde luego, David sabía lo que el niño iba a decir, que le gustaría tener un hermano así, pero lo que el muchacho realmente dijo estremeció a David de pies a cabeza: "Me gustaría, prosiguió el niño poder ser un hermano así".

David miró al niño con asombro, e impulsivamente añadió: "¿Te gustaría dar una vuelta en mi auto?". ¡¡¡Ah sí, eso me encantaría!!!

Después de un corto paseo, el niño volteó y con los ojos chispeantes dijo: "Señor... ¿No le importaría que pasáramos frente a mi casa?". David sonrió. Creía saber lo que el muchacho quería. Quería enseñar a sus vecinos que podía llegar a su casa en un gran automóvil, pero de nuevo, David estaba equivocado.

"¿Se puede detener donde están esos dos escalones?" pidió el niño. Subió corriendo y en poco rato David oyó que regresaba, pero no venía rápido. Llevaba consigo a su hermanito lisiado. Lo sentó en el primer escalón, entonces le señaló hacia el coche.

"¿Lo ves Juan?. Allá está, tal como te lo dije, allá arriba. Su hermano se lo regaló y a él no le costó ni un centavo, y algún día yo te voy a regalar uno igualito... entonces podrás ver por ti mismo todas las cosas bonitas de los escaparates, de las que he estado tratando de contarte".

David, bajó del coche y subió al muchacho enfermo al asiento delantero. El hermano mayor, con los ojos radiantes, se subió tras de él y los tres comenzaron un paseo memorable. Ese día, David comprendió lo que Dios quería decir con: "Hay más dicha en dar..."

Que tengas un excelente día y no olvides: Dar vida a otras vidas... Dar esperanza... Somos lo que pensamos.

Somos lo que decidimos ser. Decidamos ser hombres y mujeres de VALORES. Nuestro entorno lo necesita desesperadamente!!!

Ojalá que aprendamos la lección.



De paso


Se cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, Egipto, con la finalidad de visitar a un famoso sabio. El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.

- ¿Dónde están sus muebles? - preguntó el turista. Y el sabio, rápidamente, también preguntó: - ¿Y dónde están los suyos...? - ¿Los míos? - se sorprendió el turista. ¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso!

- Yo también... - concluyó el sabio.

"La vida en la tierra es solamente temporal... Sin embargo, algunos viven como si fueran a quedarse aquí eternamente y se olvidan de ser felices".



Depende de la forma


Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un Sabio para que interpretase su sueño. - ¡Qué desgracia Mi Señor! - exclamó el Sabio - ¡Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad! - ¡Qué insolencia! - gritó el Sultán enfurecido -Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes! Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

- ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Sabio. No entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro. - Recuerda bien amigo mío - respondió el segundo Sabio - que todo depende de la forma en el decir... uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse.

De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma con que debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas.

- La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.


MICRO-REFLEXIÓN:

"Que tus palabras sean más valiosas que el silencio que rompen".



El anillo


Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro sin mirarlo, le dijo: Cuanto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizá después...- y haciendo una pausa agregó: si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar. E...encantado, -maestro- titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

Bien, asintió el maestro. Se quitó el anillo en el dedo pequeño, y dándoselo al muchacho, agregó: toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado, más de cien personas, abatido por su fracaso montó su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.

Entró en la habitación. -Maestro- dijo - lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste.

Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto al valor del anillo. -Que importante lo que dijiste joven amigo, - contestó sonriente el maestro. -Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero.

Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo: -Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender YA, no puedo dar más de 58 monedas de oro por su anillo. 58 MONEDAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Exclamó el joven. Sí, replicó el joyero- yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé.... si la venta es urgente....

El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido. -Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo. -Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única.

Y como tal, sólo puede revaluarte un verdadero experto. Qué haces pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor? Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.

Todos somos como esta joya, valiosos y únicos, y andamos por los mercados de la vida pretendiendo que gente inexperta nos valore.

Sólo puede verse correctamente con el corazón; lo esencial no puede percibirse con los ojos. Antoine De Saint-Exupéry



El ave dorada

por Diego Palma


Martín era un niño de 12 años que tenía una debilidad muy especial, era un fanático de los cuentos. Vivía en un pequeño pueblo de no más de 200 habitantes donde, como podrán imaginar no existían las palabras biblioteca ni librería. Así que Martín esperaba todos los veranos la llegada de los narradores de historias que venían junto con las ferias y los circos.

Un día llegó un narrador muy anciano. Martín, por supuesto, no quiso perderse ninguna función, así que estuvo en la función de la mañana, en la de la tarde y en la de la noche. Después de la última función el anciano se quedó mirando fijamente a los ojos de Martín y reconoció el brillo de quien lleva el espíritu de un narrador.


Se acercó y le obsequió un viejo libro finamente empastado y le dijo: “mira pequeño, este libro no es un libro común, es un libro mágico. Si lo lees serás el personaje del cuento que tu quieras. Para poder lograrlo, lo primero que debes hacer es leer la primera página, luego cerrarás tus ojos suavemente y finalmente colocarás tus dos manos sobre las páginas leídas. Cuando hayas hecho esto ya no sentirás tu cuerpo y empezarás a flotar, volando hacia el cuento que desees”


Esa noche, cuando todos estaban durmiendo, Martín empezó a leer el libro siguiendo paso a paso las instrucciones del anciano.


Primero leyó la Cenicienta y al cerrar los ojos se encontró en el medio del baile, bailando con la dama más hermosa de la fiesta. Claro que había escogido el papel del príncipe. Sonaron las doce campanadas y la bella dama salió corriendo del salón, dejando su zapatito de cristal. Como Martín ya sabía a quien le pertenecía fue directamente a su casa y no le probó el zapato a las horribles hermanastras sino directamente a Cenicienta. Ella se lo probó y se fueron tranquilamente en busca de la felicidad al palacio.


Después escogió leer el cuento de Blanca Nieves, pero en esta historia ya no quiso ser el príncipe sino uno de los enanos, el famoso “Feliz”. Así apareció cantando con los otros enanos camino a la casita del bosque para encontrarse con Blanca Nieves. Cuando llegaron estaba todo limpio y ordenado y Blanca Nieves dormía en sus camas. Cuando ella despertó no pudo quedarse callado y le advirtió que no aceptase ninguna manzana de nadie porque esta iba a estar envenenada. También le dijo que después de un tiempo un príncipe la iba a despertar con un beso y le aconsejó que se hiciese la dormida.


Luego de esos dos cuentos Martín se dio cuenta que no se sentía satisfecho sabiendo la historia desde el principio. No había el factor sorpresa, no existía lo desconocido, así que decidió aventurarse en un cuento que no hubiese leído aún. Así que abrió el libro en cualquier página, leyó tan solo un pequeño párrafo y colocó sus manos sobre las viejas páginas, cerró los ojos y se dejó llevar.


Cuando los abrió se encontraba en un gran palacio en la India, era un rey. Conversando con sus discípulos se enteró que entre su pueblo corría la leyenda de que en las montañas había un extraño pájaro con una gran cola dorada, el cual poseía una característica muy peculiar: hablaba y se dice que contaba cuentos.


El rumor de que una caravana de viajeros había visto a esta extraña ave llegó a los oídos del rey, el cual era un amante de las expediciones y decidió ir a buscar a esa extraña criatura.

Luego de un largo camino llegó hasta un pino muy alto donde el gran pájaro de cola dorada tenía su nido en la punta del pino. El rey sabía que el ave no volaba de noche así que esperó a que anocheciera y luego subió al árbol y la atrapó.


Ya de regreso el ave no pronunciaba palabra alguna, así que el rey la agarró por el cuello y le dijo: si no hablas te corto el cuello. El ave le dijo: Soy el ave de los cuentos y te voy a contar un cuento rey, pero mientras lo hago debes cumplir con un requisito, no debes suspirar, pues si lo haces, yo desapareceré y los cuentos terminarán.


Y le comenzó a contar el siguiente cuento:


En las afueras de la ciudad de Shavar, un mercader regresaba de un largo viaje conduciendo su carreta repleta de telas y tesoros de oriente. Se dirigía a la ciudad para vender su mercadería. De repente su carreta pisó una piedra y se rompió una de las ruedas. El mercader maldijo su mala suerte y se dio cuenta de que no podía continuar su viaje sin antes repararla. Se quedó esperando en el camino a que pasara alguien para ayudarlo ya que no podía dejar toda su mercadería a merced de los ladrones.


De pronto vio aparecer por el camino un cazador con su fiel perro labrador, los cuales regresaban a su casa después de un día de cacería sin suerte. El mercader le propuso al cazador que cuidase de su carreta mientras el iba a la ciudad de Shavar a reparar la rueda a cambio de una de sus gallinas.


El cazador aceptó y el mercader partió rumbo a la ciudad a reparar la rueda. Y pasaron las horas y el mercader no regresaba.

El cazador, el cual vivía cerca, se dio cuenta que su mujer se iba a preocupar mucho por su retrazo y le dijo a su perro “quédate acá cuidando la carreta, y no dejes que nada suceda, yo regreso inmediatamente” y así partió a la carrera.


Al cabo de un rato apareció por el camino el mercader con su rueda reparada. Al llegar vio al perro labrador bien sentado junto a la carreta y comprendió la situación, y le dijo: debes ser un buen perro para que tu amo confíe tanto en ti” y en agradecimiento le dio una moneda de oro que el perro sostuvo con la boca. Luego se fue rumbo a la ciudad. El perro lo vio partir y se fue rumbo a su casa.


El cazador se disponía a salir cuando vio llegar a su perro contento con una moneda de oro, moviendo la cola.

“Qué haz hecho perro ladrón!” le gritó. “Te dejo cuidando una carreta y robas de la mano que nos iba a alimentar”.


Cogió un palo y empezó a pegarle, y le pegó tanto que lo mato a palazos.


Martín suspiró y de pronto el cazador y su perro comenzaron a desaparecer y ese cuento terminó.

- “Haz suspirado rey” dijo el pájaro dorado y comenzó a desaparecer y el cuento terminó.


Luego desapareció el rey y Martín se quedó con el libro en las manos. Luego comenzó a desaparecer el libro mágico de Martín y el cuento terminó.

Y ahora sólo me toca desaparecer a mí pues este cuento también terminó.



El cuento de Dios

por Diego Palma


Cuando era niña, mi papá solía leerme cuentos en la cama antes de dormir. Algunos más fantásticos que otros. En mi inocente sorpresa y fascinación por los distintos personajes que aparecían en los cuentos, aun no sabía distinguir qué era real y qué era imaginario.


Cuando sentía temor por alguna escena de miedo, como cuando aparecía la bruja “Morda” o “El Peor”, él sonreía y me calmaba diciendo en voz baja, “es un cuento...”.


Así luego, dejé de sentir miedo por los cuentos porque más o menos podía saber, qué era real y qué no lo era. Digo, “más o menos” porque, algunas veces, él contaba cuentos que sí eran reales y también fantásticos, como por ejemplo, desde muy pequeña me dijeron que los regalos que aparecían cada Navidad los habían traído esa noche en trineo y los habían metido por la chimenea. Un día me contaron la verdad y desde entonces ya no me compran tantos regalos.


Me acuerdo que cuando fui al cole al día siguiente, Tenía unas ganas enormes de contarle la verdad a todas mis amigas, pero mi papá me hizo prometerle que mantendría el secreto hasta que los papás de mis amigas se lo contasen personalmente, pues era una costumbre para incentivar la fantasía en los niños. En el recreo le pregunté a mis dos amigas y ellas me dijeron que ellas sí creían en Santa. Cuando me preguntaron “Y tu?”, me hice la loca y tuve que guardar el secreto hasta la siguiente navidad.


También me acuerdo que me creía el cuento del ratón que se llevaba mis dientes. Aún me acuerdo de mi momento de sospecha, cuando comencé a notar que el ratón de la casa de mi abuela era más generoso que el ratón de la casa de mis padres.


Pero hubo un cuento que me lo contaron en la misma época que los otros dos cuentos de Santa y el ratón. Este cuento también me lo contaron como que era verdad, así que esa vez, mi padre se puso más serio y algo incómodo.


Me contó la historia de un dios que lo creo todo, absolutamente todo. Luego el hijo de ese dios vino a salvarnos. Me dijo que le debemos una completa devoción por su incondicional amor y que tenemos que tener un sentimiento de culpa, ya que además como agradecimiento lo torturamos hasta matarlo de una manera horrible. Este divino ser, vino a salvarnos y que Jesús, era su nombre.


“Salvarnos de qué Papi?”, fue mi pregunta.


Mi padre hizo una pausa, como contemplando la escena con total claridad, y dijo, “Salvarnos de la furia y locura de su propio Padre, un dios que amenaza con quemarnos vivos si no hacemos lo que nos ordena. Ser muy muy buenos.” Era una historia terrorífica pero esta vez me dijo que sí, que esta sí era verdad. Y me lo siguió diciendo por varios días y que sí, que todos éramos la creación de ese dios.


Al igual que los otros cuentos de Santa y el ratón, que primero decía que eran verdad, en éste también pude notar que todo era demasiado fantástico para ser real. También noté que él ya no lo llamaba un cuento sino una historia. Pero definitivamente algo..., mucho!, sonaba raro, demasiado irreal y auténticamente terrorífico. Le pregunté, “Y todos creen en esa historia?” Me miró a los ojos y me dijo “No, sólo los que se van a salvar.”


Fue suficiente!. No más preguntas. Si él lo decía tenía que ser cierto pues eso es lo que él, mi padre, decía y mi madre luego confirmó. Además mis abuelos y tíos y el colegio que estaba empezando y todo a mi alrededor me decía que sí, que sí era verdad ese cuen..., perdón, historia. Además no había otra historia menos fantástica que la reemplazara.


Cada vez que me atrevía a hacer preguntas podía sentir la incomodidad que generaba a mi alrededor, y mientras más me cuestionaba más confuso e ilógico se volvía todo el cuen..., perdón, historia.


Han pasado ya varios años y recuerdo ese día en que mi padre entró en mi habitación, en la misma mañana en que yo empacaba mi maleta para irme de vacaciones de verano en mi último año de colegio. Se sentó junto a mi ropa despegada sobre la cama y me dijo. “Te acuerdas preciosa de aquella historia del dios que amenazaba con quemar su propia creación? Bueno, es importante que sepas que ese, también es un cuento.”


“Y entonces qué es verdad? le pregunté. Me tomó de las manos y me dijo pronunciando cada palabra con mucho cuidado. “Eso nadie te lo podrá decir. Eso únicamente lo puedes descubrir tú sola. La manera de hacerlo no es buscando qué es verdad sino dándote cuenta de qué no lo es. Recuerda, todos los cuentos son sólo cuentos. La verdad existe y sólo la puedes descubrir tú misma.



El de Tommy

Tommy solo tenía seis años y quería tener un reloj de pulsera. Cuando se lo regalaron por fin, en Navidad, estaba impaciente por enseñárselo a su mejor amigo, Billy. La madre de Tommy le dio permiso, y cuando su hijo salió de casa le hizo esta advertencia: - Tommy, ahora llevas tu reloj nuevo, y sabes leer la hora. De hache a casa de Billy llegas andando en dos minutos; así que no tienes excusa para llegar tarde a casa. Vuelve antes de las seis para merendar. - Sí, mamá -dijo Tommy mientras salía corriendo por la puerta.

Dieron las seis, y ni rastro de Tommy. A las seis y cuarto no había aparecido todavía, y su madre se irritó. A las seis y media seguía sin aparecer, y se enfadó. A las siete menos diez, el enfado se convirtió en miedo. Cuando se disponía salir a buscar a su hijo, se abrió despacio la puerta de la calle. Tommy entró en silencio.

- ¡Ay, Tommy! -le riñó su madre-. ¿Cómo has podido ser tan desconsiderado? ¿No sabías que yo me iba a preocupar? ¿Dónde te has metido? - He estado ayudando a Billy... -empezó a decir Tommy. - ¿Ayudando a Billy?, ¿a qué? -le gritó su madre.

El pequeño empezó a explicarse otra vez: - A Billy le han regalado una bicicleta nueva por Navidad, pero se cayó de la acera y se rompió y... - ¡Ay Tommy! -le interrumpió su madre-, ¿qué sabe de arreglar bicicletas un niño de seis años? Por Dios, tú....

Esta vez fue Tommy quien interrumpió a su madre. - No mamá. No quise ayudarle a arreglarla. Me senté a su lado y le ayudé a llorar...



El guardián del castillo


Cierto día, en un monasterio Zen-Budista, a la muerte del guardián, fue necesario encontrar un substituto. El gran Maestro entonces convocó a todos sus discípulos para determinar quién sería el nuevo centinela.

El Maestro, con mucha tranquilidad habló: "asumirá el puesto el primer monje que resuelva el problema que voy presentarles".

Entonces, colocó una mesita magnifica en el centro del enorme salón donde se encontraban reunidos, y encima de ella, puso un florero de porcelana muy raro, con una rosa amarilla de extraordinaria belleza adornándolo, y solamente dijo:"aquí esta el problema!".

Todos se quedaron mirando la escena: el florero bellísimo, de valor inestimable, con la maravillosa flor al centro. Qué representaría? qué hacer? cuál sería el enigma?

En ese instante, uno de los discípulos sacó la espada, miró al Maestro, a sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y..... SuaaassssssSSSSSsss.... destruyó todo con un sólo golpe! e inmediatamente regresó a su lugar. Entonces el Maestro dijo:


"Tu serás el nuevo Guardián del Castillo".


No importa cuál es el problema. Ni que sea algo demasiado bello. Si es un problema, necesita ser eliminado. Un problema es un problema. Aunque se trate de una mujer sensacional, un hombre maravilloso o un grande amor que se acabó. Por más lindo que sea o haya sido, si no existe más sentido para nuestras vidas, tiene que ser suprimido. Muchas personas cargan en su vida entera el peso de cosas que fueron importantes en el pasado, pero que hoy solamente ocupan un espacio inútil en nuestros corazones y mentes.

Para que bebas vino en una taza llena de té, primero es necesario botar el té para entonces, beber el vino.



El halcón que no volaba


Cuenta una leyenda oriental que hubo un rey que recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara. Pasados unos meses, el instructor comunicó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente educado, pero no sabía lo que le sucedía al otro; no se había movido de la rama desde el día de su llegada a palacio, a tal punto que había que llevarle el alimento hasta allí. El rey mandó a llamar sanadores de todo tipo, pero nadie pudo hacer volar al ave. Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió.


Por la ventana de sus habitaciones, el monarca podía ver que el pájaro continuaba inmóvil.

Difundió al final el problema entre todos sus súbditos, y, a la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente en los jardines. Traedme al autor de ese milagro, dijo. En seguida le presentaron a un campesino.


"¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago, acaso?". Entre feliz e intimidado, el hombrecito solo explicó:

"No fue difícil, su Alteza: sólo corté la rama. El pájaro se dio cuenta que tenía alas y se largó a volar"...

¿Sabes que tienes alas? ¿Sabes que puedes volar? ¿A que estas agarrado? ¿De que no te puedes soltar? ¿Qué está esperando tu rama para romperse? ¿Quién o qué la puede cortar?

¿Cuáles son las razones que hoy te impiden levantar vuelo?

"No puedes descubrir nuevos mares a menos que tengas el coraje de perder de vista la costa"



El limosnero

Hubo una vez un limosnero que estaba tendido a un lado de la calle. Vio a lo lejos venir al rey consu corona y capa. "Le voy a pedir algo, de seguro me dará bastante" pensó el limosnero y cuando el rey pasó cerca le dijo: "Su majestad, ¿me podría por favor regalar una moneda?" aunque en su interior pensaba que el rey le iba a dar mucho. El rey le miró y le dijo:" ¿Por qué no me das algo tú? ¿Acaso no soy yo tu rey?". El mendigo no sabía que responder a la pregunta y dijo: "Pero su majestad... ¡yo no tengo nada!". El rey respondió: "Algo debes de tener... ¡busca!". Entre su asombro y enojo el mendigo buscó entre sus cosas y supo que tenía una naranja, un bollo de pan y unos granos de arroz. Pensó que el pan y la naranja eran mucho para darle, así que en medio de su enojo tomó 5 granos de arroz y se los dio al rey. Complacido el rey dijo: "¡Ves como sí tenías!". Y le dio 5 monedas de oro, una por cada grano de arroz. El mendigo dijo entonces: "Su majestad... creo que acá tengo otras cosas", pero el rey no hizo caso y dijo: "Solamente de lo que me has dado de corazón te puedo yo dar". Es fácil en esta historia reconocer como el rey representa a la existencia, y el mendigo a nosotros. Notemos que el mendigo aún en su pobreza es egoísta y no se desprende de lo que tiene aún cuando su rey se lo pide.



El pequeño pez


«Usted perdone», le dijo un pez a otro, «es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado».

«El Océano», respondió el viejo pez, «es donde estás ahora mismo». «¿Esto? Pero si esto no es más que agua... Lo que yo busco es el Océano», replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.


De igual manera, un hombre se acercó al Maestro, y dijo: «He estado buscando a Dios durante años. Dejé mi casa y he estado buscándolo en todas partes: en lo alto de los montes, en el centro del desierto, en el silencio de los monasterios y en las chozas de los pobres».

«¿Y lo has encontrado?», le preguntó el Maestro.

«Sería un engreído y un mentiroso si dijera que sí. No; no lo he encontrado. ¿Y tú?».

¿Qué podía responderle el Maestro? El sol poniente inundaba la habitación con sus rayos de luz dorada. Centenares de gorriones gorjeaban felices en el exterior, sobre las ramas de una higuera cercana. A lo lejos podía oírse el peculiar ruido de la carretera. Un mosquito zumbaba cerca de su oreja, avisando que estaba a punto de atacar... Y sin embargo, aquel buen hombre podía sentarse allí y decir que no había encontrado a Dios, que aún estaba buscándolo.


Al cabo de un rato, decepcionado, salió de la habitación del Maestro y se fue a buscar a otra parte.

Deja de buscar, pequeño pez. No hay nada que buscar. Sólo tienes que estar tranquilo, abrir tus ojos y mirar. No puedes dejar de verlo.



Ella no sabe quien soy


Un hombre de cierta edad vino a la clínica donde trabajo para hacerse curar una herida en la mano. Tenía bastante prisa, y mientras se curaba le pregunté qué era eso tan urgente que tenía que hacer.


Me dijo que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer que vivía allí. Me contó que llevaba algún tiempo en ese lugar y que tenía un Alzheimer muy avanzado.

Mientras acababa de vendar la herida, le pregunté si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.


- No, me dijo. Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce. Entonces le pregunté extrañado.

- Y si ya no sabe quién es usted, ¿porqué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?

Me sonrió y dándome una palmadita en la mano me dijo: "Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella".


Tuve que contenerme las lágrimas mientras salía y pensé: "Esa es la clase de amor que quiero para mi vida. El verdadero amor no se reduce a lo físico ni a lo romántico. El verdadero amor es la aceptación de todo lo que el otro es, de lo que ha sido, de lo que será y de lo que ya nunca podrá ser.



¿Existe el mal?


El profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta. "¿Dios creó todo lo que existe?"

Un estudiante contestó valiente: Sí, lo hizo. "¿Dios creó todo?: Sí señor, respondió el joven.


El profesor contestó, "Si Dios creó todo, entonces Dios hizo al mal, pues el mal existe, y bajo el precepto de que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo".


El estudiante se quedó callado ante tal respuesta y el profesor, feliz, se jactaba de haber probado una vez más que la fe Cristiana era un mito.


Otro estudiante levantó su mano y dijo: ¿Puedo hacer una pregunta, profesor?. Por supuesto, respondió el profesor.

El joven se puso de pie y preguntó: ¿Profesor, existe el frío?,

¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha tenido frío?.


El muchacho respondió: De hecho, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en realidad es ausencia de calor. "Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de calor, todos los cuerpos se vuelven inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos sentimos si no tenemos calor".


Y, ¿existe la oscuridad? Continuó el estudiante. El profesor respondió: Por supuesto.

El estudiante contestó: Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad tampoco existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz. La luz se puede estudiar, la oscuridad no, incluso existe el prisma de Nichols para descomponer la luz blanca en los varios colores en que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuan oscuro está un espacio determinado? Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no hay luz presente.


Finalmente, el joven preguntó al profesor: señor, ¿existe el mal?. El profesor respondió: Por supuesto que existe, como lo mencioné al principio, vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del mal.

A lo que el estudiante respondió: El mal no existe, señor, o al menos no existe por si mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios, es, al igual que los casos anteriores un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de Dios.

Dios no creó al mal. No es como la fe o el amor, que existen como existe el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones. Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay luz.

Entonces el profesor, después de asentar con la cabeza, se quedó callado. El joven se llamaba Albert Einstein.



Jaina


Un día, Jaina, el hijo del rey Soroy, se despertó y se dio cuenta que quería gobernar. Así que fue donde su padre, el Rey, y le dijo “Padre, quiero gobernar, ya he crecido lo suficiente y creo que ya es tiempo que me des unas tierras para gobernarlas y así prepararme para algún día gobernar tu reino.


El padre lo miró fijamente y le dijo: “Primero debes hacer algo... anda al bosque y escucha, y cuando hayas escuchado... ven.”


Y así, a la mañana siguiente Jaina fue temprano al bosque. Al caer la tarde se presentó ante su padre y dijo: “Padre, he escuchado todo el día el canto de los distintos pájaros del bosque. Ha sido una experiencia muy enriquecedora.”


El padre lo miró fijamente y le dijo: “Todavía no has escuchado bien. Regresa al bosque y escucha, y cuando hayas escuchado... ven.”


Al día siguiente, Jaina se dirigió nuevamente al bosque y, esta vez, se quedó a pasar la noche. Cuando se presentó ante el rey le dijo: “Padre, he escuchado además de los pájaros, a los distintos tipos de animales que habitan en el bosque, los he escuchado gritar, cazar, comer, aparearse y dormir.”


El rey le puso la mano sobre el hombro y le dijo: “Hijo, todavía no has escuchado bien. Regresa al bosque y escucha, y cuando hayas escuchado... ven.”


Y así, Jaina partió una vez más al bosque. Y pasaron muchas horas y Jaina no volvía..., la corte entera se preocupó menos el rey quien permanecía tranquilo. Pasaron los días y Jaina no volvía..., Todo el reino lloraba la desaparición del príncipe menos el rey quien permanecía tranquilo. Pasaron los meses y ya nadie pensaba en Jaina.


Un día, por las inmediaciones del palacio, vieron acercarse a un hombre vestido como un mendigo, estaba descalzo, con el pelo largo y enredado. El hombre fue directamente al palacio y dijo: “Vengo a ver al rey.” El rey, al enterarse de aquella extraña visita ordenó que lo dejen pasar. Detrás de aquellos cabellos enmarañados el rey vio el brillo de la mirada de su hijo y le dijo “Hijo... que has escuchado?”


He escuchado el temblor de los pétalos antes de florecer, el crujir de la tierra ante los primeros rayos del sol, el murmullo de las hormigas al ponerse de acuerdo sin ponerse de acuerdo...”. “Es suficiente, interrumpió el rey. Ahora que sabes escuchar lo que no se oye, sabrás escuchar las necesidades de tu pueblo. Anda ve y gobierna...”



Krisha Gotami


Este cuento narra la historia de Krisha Gotami, una joven india que tuvo la buena fortuna de vivir en la época de Buda.


Hace muchos años, en la ciudad de Shravastra, vivía una joven mujer la cual había perdido a sus padres y a su marido quedando únicamente con su pequeño hijo recién nacido. Este se convirtió en su motivo para vivir. Cuando su hijo tenía apenas un año, éste cayó enfermo y murió. Agobiada por la pena y el dolor, Krisha Gotami enloqueció, vagaba por las calles día y noche con el cuerpecito en sus brazos, suplicándole a todo el mundo con quien se topaba, un remedio que le devolviera la vida a su hijo. Algunas personas pasaban por su lado sin hacerle caso, otras se alejaban asustadas, otras más crueles, se reían de ella, y la mayoría la tomaban por loca. Finalmente dio con un sabio que le dijo que la única persona del mundo que podía realizar el milagro que ella pretendía era el Buda, el cual, por fortuna, se encontraba en un bosque a las afueras de la ciudad.


Así pues, fue en busca de Buda, al llegar depositó el cadáver de su hijo ante él y le dijo: - He perdido a mi marido y sólo vivía por este hijo, pero ahora también ha muerto. He oído hablar de tu compasión, por favor resucítalo.

Buda la escuchó con infinita compasión, y luego respondió con amabilidad: - Sólo hay una manera de curar tu aflicción. Baja a la ciudad y tráeme un grano de mostaza de cualquier casa en la que no haya habido jamás una muerte.


Krisha Gotami experimentó un gran alivio y se dirigió a la ciudad de inmediato. Cuando llegó, se detuvo en la primera casa que vio y explicó:


-  Me ha dicho el Buda que vaya y busque un grano de mostaza de una casa que nunca haya conocido la muerte.

-  Tenemos sacos llenos de mostaza, pero en esta casa ha muerto mucha gente - le replicaron. Fue a la casa de al lado.

- En nuestra familia han habido incontables muertes – le dijeron. Y lo mismo en la tercera y en la cuarta y en la quinta casa, hasta que por fin hubo visitado toda la ciudad y comprendió que la condición de Buda no podía cumplirse.

Llevó el cuerpo de su hijo al cementerio y se despidió de él por última vez, y a continuación volvió donde Buda.

-  ¿Has traído el grano de mostaza?

-  No – respondió ella -. Empiezo a comprender la lección que intentas enseñarme. Me cegaba la pena y creía que yo era la única que había sufrido a manos de la muerte.

-  ¿Por qué has vuelto? – le pregunto Buda.

-  Para pedirte que me enseñes la verdad de lo que es la muerte, de lo que puede haber detrás y más allá de la muerte y de lo que hay en mí, si algo hay, que no ha de morir.


Buda empezó a enseñarle:

- Si quieres conocer la verdad de la vida y la muerte, debes reflexionar continuamente sobre esto: en el universo sólo hay una ley que no cambia nunca, la de que todas las cosas cambian y ninguna cosa es permanente. La muerte de tu hijo te ha ayudado a ver ahora que el reino en el que estamos, el samsara, es un océano de sufrimiento insoportable. Sólo hay un camino, y uno solo, para escapar del incesante ciclo de nacimientos y muertes del samsara, que es el camino de la liberación. Puesto que ahora el dolor te ha preparado para aprender y tu corazón se abre a la verdad, te la voy a mostrar.


Krisha Gotami se arrodilló a sus pies y siguió a Buda durante el resto de su vida. Se dice que cuando su vida llegaba a su fin, alcanzó la iluminación.



La carroza vacía

Cierta mañana, mi padre me invitó a dar un paseo por el bosque y yo acepté con placer. El se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó: - Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?. Agudice mis oídos y algunos segundos después le respondí: - Estoy escuchando el ruido de una carroza. - Eso es, - dijo mi padre. - Es una carroza vacía... Pregunté a mi padre: - ¿Cómo sabes que es una carroza vacía, si aun no la vemos? Entonces mi padre respondió. - Es muy fácil saber que una carroza esta vacía... por causa del ruido. Cuanto más vacía la carroza, mayor es el ruido que hace. Me convertí en adulto, y hasta hoy, cuando veo a una persona hablando demasiado, inoportuna, interrumpiendo la conversación de todo el mundo, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo: - "Cuanto más vacía la carroza, más ruido hace...".



La estatua de Buda


La estatua del Buda de barro alcanzaba casi tres metros de altura. Durante generaciones había sido considerada sagrada por los habitantes del lugar.

Un día, debido al crecimiento de la ciudad, decidieron trasladarla a un sitio más apropiado. Esta delicada tarea le fue encomendada a un reconocido monje, quien, después de planificar detenidamente, comenzó su misión. Fue tan mala su fortuna que, al mover la estatua, ésta se deslizó y cayó, agrietándose en varias partes.

Compungidos, el monje y su equipo decidieron pasar la noche meditando sobre las alternativas. Fueron unas horas largas, oscuras y lluviosas. El monje, en vez de desesperarse, se enfocó en encontrar una salida. De repente, al observar la escultura resquebrajada, cayó en cuenta que la luz de su vela se reflejaba a través de las grietas de la estatua. Pensó que eran las gotas de lluvia. Se acercó a la grieta y observó que detrás del barro había algo, pero no estaba seguro qué.

Lo consultó con sus colegas y decidió tomar un riesgo que parecía una locura: Pidió un martillo y comenzó a romper el barro, descubriendo que debajo se escondía un Buda de oro sólido de casi tres metros de altura. Durante siglos este hermoso tesoro había sido cubierto por el ordinario barro. Los historiadores hallaron pruebas que demostraban que, en una época, el pueblo iba a ser atacado por bandidos. Los pobladores, para proteger su tesoro, lo cubrieron con barro para que pareciera común y ordinario. El pueblo fue atacado y saqueado, pero el Buda fue ignorado por los bandidos.

Después, los sobrevivientes pensaron que era mejor seguir ocultándolo detrás del barro. Con el tiempo, la gente comenzó a pensar que el Buda de Oro era una leyenda o un invento de los viejos. Hasta que, finalmente, todos olvidaron el verdadero tesoro porque pensaron que algo tan hermoso no podía ser cierto. Pedro, nuestros tesoros son nuestra capacidad de dar, disfrutar, agradecer, reír; de perdonar, de soñar en grande, de pasar por encima de las pequeñeces y de valorar en uno mismo y en otros lo que verdaderamente es importante.

Arriésgate a ver tu vida a través del barro y te darás cuenta de que eres un tesoro rodeado de riquezas.



La fábula del tonto


Se cuenta que en un pueblo, un grupo de personas se divertían con el tonto del pueblo, un pobre infeliz de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y limosnas. Diariamente algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 40 reales y otra de menor tamaño, pero de 200 reales. Él siempre cogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y este le respondió: Lo sé, no soy tan tonto, vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el jueguito acaba y no voy a ganar más mi moneda.

Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:

- La primera: Quien parece tonto, no siempre lo es. - La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos tontos de la historia? - La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos. Pero la conclusión más interesante es:

Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros mismos. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo. "El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser tonto, delante de un tonto que aparenta ser inteligente".



La flor de la honestidad

Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío. Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó: "¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura" Y la hija respondió: "No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz". Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: "Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China". La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc. El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo. Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa.


Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó: "Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles”.



La historia del burro


Un día, el burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de buscar algo que hacer.

Finalmente, el campesino decidió que el burro ya estaba viejo y el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo.


Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a tirarle tierra al pozo.

El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Luego, para sorpresa de todos, se aquietó después de unas cuantas paladas de tierra.

El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio... con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: Se sacudía la tierra y daba un paso encima de la tierra.


Muy pronto todo el mundo vio sorprendido cómo el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando...


La vida va a tirarte tierra, todo tipo de tierra... el truco para salir del pozo es sacudírsela y usarla para dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Podemos salir de los más profundos huecos si no nos damos por vencidos...


¡¡¡Usa la tierra que te echan para salir adelante!!!



La mentira descubierta


El Dr. Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi y fundador del instituto M.K. Gandhi para la Vida Sin Violencia, en su lectura del 9 de Junio en la Universidad de Puerto Rico, compartió la siguiente historia como un ejemplo de la vida sin violencia en el arte de sus padres:


Yo tenía 16 años y estaba viviendo con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado en las afueras, a 18 millas de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar. Estábamos bien al interior del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mí, siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine. Un día mi padre me pidió que le llevara a la ciudad para asistir una conferencia que duraba el día entero y yo aproveché esa oportunidad.


Como iba a la ciudad mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes, como llevar el auto al taller. Cuando me despedí de mi padre él me dijo:

- Nos vemos aquí a las 5 pm. y volvemos a la casa juntos. Después de completar muy rápidamente todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me concentré tanto en la película, una película doble de John Wayne, que me olvidé del tiempo.


Eran las 5:30 p. m. cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el auto y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 p. m. Él me preguntó con ansiedad: - ¿Por qué llegas tarde?

Me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne; entonces le dije que el auto no estaba listo y tuve que esperar...esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller.


Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo:

- Algo no anda bien en la manera como te he criado puesto que no te he dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar que es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y a pensar sobre esto.


Así que vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos que no estaban ni pavimentados ni alumbrados. No lo podía dejar solo... así que yo manejé 5 horas y media detrás de el... viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho.


Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir.


Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso... Si me hubiese castigado de la manera como nosotros castigamos a nuestros hijos... ¿hubiese aprendido la lección?. ¡No lo creo!... Hubiese sufrido el castigo y hubiese seguido haciendo lo mismo... Pero esta acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer...

¡Éste es el poder de la vida sin violencia!.



Las dos vasijas

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón; pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua. Durante dos años completos esto fue así diariamente; desde luego, la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable, porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación. Después de dos años, la tinaja quebrada le habla al aguador diciéndole:

-Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.


El aguador, apesadumbrado, le dijo compasivamente: -Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino. Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchas flores hermosas a lo largo, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de ella la mitad del agua que debía llevar. El aguador le dijo entonces:


-¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.

En la vida cada uno de nosotros tiene sus propias grietas personales. Todos a veces somos como vasijas agrietadas y con defectos, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de poder aprovechar nuestros puntos débiles para lograr buenos resultados.



Lobos en tu corazón


Un viejo amerindio estaba hablando con su nieto.

Le decía: "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión."

El nieto preguntó: "Abuelo, dime, ¿cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?" El abuelo contestó: "Aquel que yo alimente"....



Los dos monjes Zen


Esta es la historia de dos monjes Zen, Tanzan y Ekido, quienes caminaban a lo largo de un camino rural que se había vuelto extremadamente fangoso después de las fuertes lluvias. Cerca de la aldea, se encontraron con una joven que intentaba cruzar la carretera, pero el barro era tan profundo que habría arruinado el kimono de seda que llevaba puesto. Tanzan de inmediato la levantó y la cargó al otro lado.


Los monjes siguieron caminando en silencio. Cinco horas más tarde, mientras se acercaban al monasterio, Ekido ya no pudo contenerse. "¿Por qué cargaste a esa chica al otro lado de la calle?", preguntó. "Se supone que los monjes no debemos hacer cosas así."


"Yo dejé a la chica hace horas", dijo Tanzan. "¿Y tú la aún la sigues cargando?"

Muchas personas viven todo el tiempo sus vidas como Ekido, incapaces o poco dispuestas a soltar situaciones, acumulando cada vez más "cosas" en su interior. Estar absorto en el pasado es una forma de estar muerto al momento presente. No es fácil dejar el pasado y retornar a vivir en el presente. Cuando tratamos de hacerlo, tenemos que resistir la fuerza de nuestras formaciones internas, pensamientos y opiniones.



Los sacerdotes

Había en Japón dos templos cuyos sacerdotes habían estado enemistados durante siglos. Tal era el enfrentamiento que si los dos sacerdotes se encontraban por la calle desviaban la mirada. Los dos sacerdotes tenían a su cargo dos chicos que les servían y hacían los recados. Y temían que al ser unos niños pudieran hacerse amigos al encontrarse por la calle. De modo que uno de los sacerdotes le dijo a su discípulo: - Recuerda, el otro templo es nuestro enemigo. No hables nunca con el chico del otro templo. Son gente peligrosa. Nunca te fíes de ellos. Evítalos como se evitan las enfermedades. ¡Evítalos como si fuera la peste!. Estas palabras despertaron el interés del chico... acostumbrado a grandes sermones... a escuchar extrañas escrituras cuyo lenguaje no era capaz de entender. No había nadie con quién jugar, ni siquiera con quién hablar. Al oír esta advertencia surgió la tentación. Aquel día se cruzó con el chico del otro templo y no pudo evitar hablarle y preguntar: - ¿A dónde vas? El otro chico asimilaba mejor las enseñanzas y a base de escuchar alta filosofía se había vuelto un poco filósofo. Así que respondió: - ¿Ir? Nadie va y nadie viene. Es algo que ocurre. Voy donde el viento me lleve. Había oído a su maestro decir muchas veces que así es como vive un Buda, como una hoja muerta que va donde el viento la lleve. Y así continuó: - Yo no existo. Si no hay quien vaya, ¿cómo voy a ir? ¿de qué tonterías hablas? Soy una hoja muerta. Allá donde le viento me lleve... El otro chico se quedó estupefacto. No pudo ni responder. Se sintió realmente avergonzado y pensó: “ Mi maestro tiene razón al no hablar con esta gente. Sí que son gente peligrosa y rara. ¿qué manera de responder es esa? Le he hecho una pregunta simple, de hecho yo sabía adónde iba, los dos vamos al mercado. Una respuesta simple habría bastado.” Al regresar le dijo a su maestro: - Lo siento, perdóname. No te hice caso. Me lo habías prohibido. De hecho me sentí tentado a partir de tu prohibición. Es la primera y última vez que hablo con esa gente tan peligrosa. Le hice una pregunta muy simple, “¿ a dónde vas?” y él empezó a decir cosas raras: “No hay ir, no hay venir. ¿quién viene? ¿quién va? Soy un vacío total...una hoja muerta al viento... donde el viento me lleve...”

- ¡Te lo advertí! Mañana tienes que hablar con él. Espérale en el mismo sitio y pregúntale otra vez: ¿A dónde vas?, y cuando empiece a decir esas cosas, tú dile simplemente: “Es verdad, eres una hoja muerta, y yo también. Pero cuando el viento sopla... ¿dónde vas? ¿adónde puedes ir entonces?”...dile eso y le avergonzarás. No sabrá que decir. Quedará derrotado. Tiene que hacerlo. Esa gente nunca ha podido derrotarnos en ningún debate. Mañana haz lo que te digo. El chico se levantó temprano. Estaba inquieto. No paraba de recrear en su mente cómo se desarrollaría la escena. Repetía una y otra vez su respuesta. “Es verdad, eres una hoja muerta...es verdad, eres una hoja muerta....” Llegó al lugar en el que esperaría al otro chico, se sentó a esperar y siguió repitiendo: “¿Adónde puedes ir entonces?...¿Adónde puedes ir entonces?”. Esta vez estaba preparado. Cuando vio venir al muchacho pensó: “ahora va a ver”.

- ¿A dónde vas?- le preguntó y esperó su oportunidad...

Y el otro chico respondió: - A donde me lleven las piernas. Ni una palabra sobre el viento. Ni una palabra sobre la nada. Ni sobre si existía o no...¿qué podía hacer ahora?. La respuesta que tan eficientemente había aprendido ahora resultaba absurda. Claramente no venía a cuento hablar del viento, ni de las hojas muertas. De nuevo quedó abatido. Se sentía verdaderamente avergonzado por su estupidez mientras pensaba: “Desde luego este chico es bien raro...se sabe unas cosas muy extrañas...ahora va y me dice que dónde le lleven las piernas...”

Volvió con su maestro y el maestro le dijo: - ¡Te había dicho que no hablaras con esa gente! Son peligrosos, lo sabemos desde hace siglos. Pero ahora hay que hacer algo. Mañana vuelve a preguntarle a dónde va, y cuando te diga: “A dónde me lleven mis piernas”, tú dile: “Y si no tuvieras piernas?. De un modo u otro hay que callarle la boca. Y así, al día siguiente, el chico le preguntó al otro: - ¿A dónde vas? – y aguardó la respuesta. Y el otro chico dijo: - Voy al mercado, a comprar verduras. Moraleja: normalmente, la humanidad funciona basándose en el pasado...y la vida sigue cambiando. La vida no tiene ninguna obligación de ajustarse a nuestras conclusiones. Por eso la vida es tan desconcertante, sobre todo para las personas que tienen preparadas todas la respuestas. Pero la vida nunca plantea las mismas preguntas. Así que debemos intentar no actuar por medio del pasado.



Mensaje de Nelson Mandela


Nuestro miedo más profundo no es el que somos débiles. Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos. Más allá de toda medida.

Es nuestra Luz, no nuestra obscuridad, la que más nos aterra. Nos preguntamos, ¿quién soy yo para ser tan luminoso, bello, talentoso y fabuloso? Ciertamente, quienes somos para NO serlo?

Ustedes son hijos de Dios. Su juego de sentirse pequeños no sirve al mundo. No hay nada iluminado en el encogerse para que los demás no se sientan inseguros a su lado.

Hemos nacido para hacer manifiesta la gloria de Dios quien reside en nuestro interior. No esta sólo en algunos de nosotros; está en todos y en cada uno.

Al dejar que nuestra Luz brille, inconcientemente damos el permiso para que los demás brillen también.

Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.

Nelson Mandela Discurso Inaugural 1994



No desperdiciaré mi tiempo

P. Yogananda


No desperdiciaré mi tiempo conversando acerca de las faltas de los demás. Si me siento inclinado a disfrutar criticando a otros, divulgaré primeramente, en alta voz, mis propias faltas.

No criticaré a persona alguna a menos que ella me lo pida, y aún en ese caso, lo haré con el único deseo de ayudar.



Nunca te ates


Una vez un guerrero indígena muy respetado y la hija de una mujer que había sido matrona de la tribu, se enamoraron y se amaban profundamente. Habían pensado en casarse, para lo cual tenían el permiso del cacique de la tribu.


Pero antes de formalizar el casamiento fueron a ver al Brujo, un hombre muy sabio y muy poderoso, que tenía elixires, y conjuros, hierbas increíbles, para saber si los astros estaban a su favor y si los Dioses los iban a proteger.


El brujo, les dijo que ellos eran buenos muchachos, jóvenes y que no había ninguna razón para que los dioses se opongan. Entonces ellos le dijeron que querían hacer algún conjuro que les diera la formula para ser felices siempre...

El brujo les dijo:

- Bueno hay un conjuro que podemos hacer, pero no sé si están dispuestos porque es bastante trabajoso. - Sí, claro-, le dijeron.

Entonces el brujo le pidió al guerrero que: escale la montaña más alta, busque allí al halcón más vigoroso, el que vuele más alto, el que le parezca más fuerte, el que tenga el pico más afilado, y que vivo, se lo traiga.


Y el brujo le dijo a ella: a ti no te va a ser tan fácil, vas a tener que internarte en el Monte, buscar el águila que te parezca que es la mejor cazadora, la que vuele más alto, la que sea más fuerte, la de mejor mirada, vas a tener que cazarla sola, sin que nadie te ayude y vas a tener que traerla viva aquí.

Cada uno salió a cumplir su tarea. Cuatro días después volvieron con el ave que se les había encomendado, y le preguntaron al brujo: - ¿Ahora qué hacemos?, ¿las cocinamos?, ¿las comemos?, ¿tomamos su sangre?, ¿qué hacemos con ellas?"

El brujo les dijo: - "Vamos a hacer el conjuro. ¿Volaban alto?", preguntó. - "Sí", le dijeron. - "¿Eran fuertes sus alas, eran sanas, independientes?" - "Sí", contestaron. - "Muy bien", dijo el brujo, "Ahora átenlas entre sí por las patas y suéltenlas para que vuelen"... Entonces el águila y el halcón comenzaron a tropezarse, intentaron volar, pero lo único que lograban, era revolcarse en el piso, y se hacían daño mutuamente, hasta que empezaron a picotearse entre sí.

Entonces el brujo de la tribu les dijo: - "Este es el conjuro: Si ustedes quieren ser felices para siempre:

VUELEN INDEPENDIENTES Y JAMÁS SE ATEN EL UNO AL OTRO"



Planificación familiar

Luis Ernesto Cano (1987)


Las cosas desde arriba se ven muy distintas, todo aquello que para nosotros impone grandeza, para él desde aquel altísimo lugar sólo supone un grano más en el ampl